¿Cómo sintetizar la vitamina D y para qué sirve?

Es de conocimiento general que el sol nos proporciona vitamina D, pero, ¿Cómo podemos sintetizarla correctamente? ¿Cuáles son sus beneficios? ¿Existen otras formas de absorción?

La vitamina D existe de dos formas, la vitamina D2, de origen vegetal, y la D3, sintetizada por animales (entre los que nos encontramos).

La vitamina D3 se encuentra en mayor cantidad en los pescados grasos (salmón, atún), los huevos y los lácteos, sobre todo los enteros, pero la obtenemos principalmente exponiendo nuestra piel a la radiación UVB del sol, que convierte el precursor dehidrocolesterol, presente a nivel cutáneo, en la vitamina D3 (colecalciferol).

Si bien un 90% de la síntesis de vitamina D tiene que ver con la exposición solar habitual, esto no significa que la solución sea “tirarse a tomar sol”.

Para sintetizar vitamina D, los dermatólogos recomiendan exponer sin protector solar la piel de brazos y piernas sólo por 10 a 15 minutos 3 veces por semana, protegiendo la cara orejas y cuero cabelludo con protector solar. Este nivel de exposición puede lograrse al realizar tareas cotidianas y trasladarnos al aire libre sin necesidad de tomar sol. Pero siempre hay que tomar en cuenta el riesgo de cáncer de piel, ya que si el riesgo es muy elevado, puede justificar la prohibición total de exposición al sol.

Tampoco hay que olvidar que la exposición solar no garantiza el aumento de la vitamina D. Factores como el color de piel, la edad, sobrepeso y algunas enfermedades influyen la capacidad del organismo de sintetizarla.

Riesgos del déficit

La vitamina D contribuye a la absorción del calcio a nivel intestinal, al mantenimiento de huesos y dientes en condiciones normales, así como al normal funcionamiento de músculos y del sistema inmunitario.

Por lo tanto, su deficit aumenta el riesgo de desarrollar osteoporosis, hipocalcemia  y osteomalacia.

Además, la deficiencia también está vinculada con la disminución de la función cognitiva y la aparición de enfermedades crónicas siendo los más frecuentes los cáncer de mama, colon, próstata y ovarios, fatiga crónica, psoriasis, artritis reumatoide, tuberculosis, enfermedades cardiacas, enfermedades inmunológicas o mentales, como depresión y trastornos afectivos estacionales, entre otras.

 

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