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Las consecuencias para la piel del consumo excesivo de sal y azúcar

El consumo indebido de estos dos condimentos no sólo altera nuestro organismo de forma interna, sino que tiene un impacto directo en el estado de la piel.

Se ha comprobado que entre los efectos a largo plazo del consumo de azúcar figuran la aceleración del envejecimiento prematuro y una peor cicatrización de marcas o heridas.

Además, el azúcar se adhiere a las proteínas en la sangre, formando nuevas moléculas, llamadas productos finales de glicación avanzada (GAFs), que dañan el colágeno y la elastina, contribuyendo a la flacidez y la formación de arrugas.

Siempre que la piel vaya a estar expuesta durante un largo periodo de tiempo a los rayos solares, se recomienda reducir su consumo todo lo posible, porque los GAFs también desactivan las enzimas antioxidantes naturales, dejando la piel mucho más susceptible al daño solar.

Según los expertos en nutrición no deberíamos consumir más de 5 gramos al día de sal. Sobrepasado ese límite, el cuerpo no sabe qué hacer con el exceso y acaba por acumular el sobrante en nuestros órganos y tejidos. Esto es lo que causa la retención de líquidos en el cuerpo y lo que conocemos como edemas, que lo único que son es sal y agua almacenada que no consiguen eliminar el riñón ni la piel.

Las consecuencias también se aprecian en el contorno de los ojos. Los signos de fatiga más habituales se multiplican: ojeras, piel más seca, arrugas más marcadas y bolsas, que no son las únicas consecuencias visibles del exceso de sal en la alimentación.

También afecta al cabello ya que al deshidratarse el cuero cabelludo aumenta la caída capilar y su cabello pierde volumen y densidad.

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